Thursday, November 26, 2015
Wednesday, November 18, 2015
Sunday, November 8, 2015
Sunday, October 25, 2015
¡Basta ya! Colombia: Memorias de Guerra y Dignidad
A través del siguiente vínculo podrán acceder al informe general realizado por el Centro Nacional de Memoria Histórica donde se despliega la mirada sobre el conflicto armado de más de 50 años en Colombia. En este, se va más allá del reconocimiento pasivo del sufrimiento de víctimas y se puede llegar a comprender como el resultado de actores y procesos sociales y políticos bien definidos, de manera que se haga la reflexión sobre lo insuficiente que resulta la indignación ante el dolor de los demás. Se hace necesario, como parte de la reconciliación, el esclarecimiento, la información, el conocimiento de la verdad, para que se pueda finalmente reconocer y dignificar a las víctimas, lo cual es esencial hacia un proceso de reparación.
Los hallazgos de este informe son relatados a través del documental "No hubo tiempo para la tristeza", realizado también por el Centro Nacional de Memoria Histórica.
Los hallazgos de este informe son relatados a través del documental "No hubo tiempo para la tristeza", realizado también por el Centro Nacional de Memoria Histórica.
Friday, October 16, 2015
Sunday, October 11, 2015
Ética y Modernidad: Dos Conceptos Relacionados en el Contexto Colombiano
El ethos sociocultural es aquel sistema de valores, creencias y costumbres que dan identidad y sentido colectivo a una sociedad determinada. Estos referentes sociales, son especialmente vulnerables ante los cambios, ya que se evidencian pérdidas de valores, de asideros morales y en últimas, de identidad colectiva. En las sociedades pre-modernas, el ethos sociocultural se basaba en la religión, en lo sagrado, en el metarrelato religioso, de manera que las normas, la distinción de lo bueno, lo malo, lo bello, lo inútil se determinaba con base en los “decálogos” religiosos de comportamiento. Es así que cuando la modernidad llega y se instaura en la sociedad, descentralizándola de aquel metarrelato religioso y privilegiando al individuo, al Estado, a la ciencia y la tecnología, que las sociedades enfrentan un caos de pérdida de valores, de sentido y de identidad.
Colombia, por su parte, teniendo su ethos sociocultural tradicional fundamentado en la colonia hispánica, centralizada en la iglesia católica, crea sus poblaciones alrededor de ésta. Sin embargo, esta identidad social tradicional no logró expandirse a todas las regiones ni a todas la etnias, de manera que aquellas fuera de los altiplanos, de las ciudades principales, lograron situarse al margen del ethos sacro y por consiguiente, fueron juzgados y catalogados de inmorales y bárbaros, dando paso a la heterogeneidad social, lo que fragmentó la posibilidad de cohesión e identidad como nación. Después de esto, con la formación de un Estado estructurado jurídicamente con normatividad racionalizada es que se vislumbra por primera vez una sociedad moderna que dejaba de lado aquel metarrelato religioso. Con esto se presentó la lucha entre el Estado y la iglesia por la representación de lo público, y es así como nacen las corrientes partidistas liberales y conservadoras; la primera siendo defensora de principios de modernidad evidentes en conceptos como la secularización, la soberanía, la ciudadanía, la educación laica y obligatoria, y la diferencia entre el derecho y la moral; y la última abogando por el mantenimiento de lo tradicional, que en últimas se identificaba con el ethos sociocultural de la sociedad mayor. Esta lucha entre conservadores y liberales no tuvo un claro ganador y por el contrario, generó una escisión de lo público en dos mitades excluyentes y antagonistas que con sus agresiones de parte y parte formaron la historia de Colombia, redundando en la falta de cohesión e identidad, que, aunado con un Estado no reconocido por la mayoría de los individuos con inclinación política tradicional y que por ende resultó ser débil y fragmentado, se sobrepolitizaron todos los conflictos y estos se han tratado de resolver por medio de la violencia, conduciendo a una sociedad con una economía fragmentada y culturalmente desintegrada, que ante los cambios propios de la modernidad como la industrialización y la urbanización, deja sin cimientos al viejo ethos, causando una seria crisis política y de valores.
La modernidad en Colombia ha traído consigo varios efectos. Uno de ellos es que la estructura bipartidista ya no sostiene la nación ni brinda un vehículo seguro para las divergencias sociales, lo que causa desintegración. Otro es la secularización incompleta. Aquella dependencia todavía existente, ya no con la iglesia, pero que no ha permitido secularizar totalmente de un centro totalizante, en detrimento del reconocimiento de diferentes ideologías políticas, donde se demoniza al contradictor y reina la intolerancia a lo divergente. Por último, esta política sacralizada no ha permitido que el modelo democrático, estandarte de la modernidad, se instale en los imaginarios colectivos, suscitando un vacío de cultura política.
De manera que una ética para los tiempos modernos en Colombia debe solucionar dichos efectos, abonar el terreno para un orden democrático tolerante y pluralista, siendo responsabilidad de la sociedad civil y del Estado, privilegiando lo colectivo y dejando a un lado los intereses individualizados y privados, redundando en un código común colectivo cívico creado en consenso que respeta el disenso y que es abierto al cambio constante, sin pretensión de controlar indefinidamente. Pienso que sólo al dejar de lado la obsesión por ocupar el lugar que ocupaba la iglesia en el ethos sociocultural pre-moderno de nuestra nación, el Estado puede proveer las garantías necesarias para alcanzar un modelo democrático digno de los tiempos modernos en los que vivimos.
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